Fuimos a Japón

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En mi poca experiencia, he entendido que los viajes son situaciones que nos hacen crecer. Escribo sobre mis impresiones y también un poco en nombre de la banda. El año pasado participamos en este concurso de Yamaha, en donde tuvimos la fortuna de poder ganar el primer premio e ir a Japón. Pienso que desde el momento en que decidimos hacerlo, teníamos esta idea en la cabeza de simplemente hacer todo de corazón y por diversión. Nos quitamos toda expectativa, y esa posición nos hizo desde el principio de todo esto disfrutar cada instante. Todo nos sorprendió. Las cosas se dieron. Nunca esperamos nada, pero estamos muy alegres de haber podido obtener resultados a nuestro favor. De poder viajar a un país tan rico en tradición como el nuestro.

La experiencia comenzó desde que estábamos en la final en la ciudad de México, allí estaban muchos grupos excelentes como los Hierbas Finas y Coventrate, bandas también de acá de Nuevo León. Fue una gran experiencia la de tener oportunidad de participar en esta competencia, porque la gente y nuestros amigos nos apoyaron muchísimo, todos coincidimos en que sentimos la buena vibra de parte de todos aun estando lejos de casa.  Algo indescriptible.

Volviendo al tema del viaje, no se imagina uno las similitudes que tiene Japón con México, no podría explicarlo bien, pero todos estuvimos de acuerdo en esto. Claro está que vimos quizás todo de manera más romántica y como simples espectadores de paso. Turistas pues.

Así que viajamos un lunes/martes por la madrugada. Salimos desde ciudad de México, vuelo directo a Japón. 14 horas después y un montón de filmes, estábamos aterrizando en las tierras del sol naciente. El aeropuerto de Narita era gris, y desde los cielos podías ver los techos tradicionales, todas las casas organizadas de manera calculada, los campos de cosecha, las costas de la isla de Japón. Calles angostas, autos compactos. Algo pintoresco, un paisaje antiguo.

Cuando bajamos del avión recuerdo escuchar esta canción de Michael Jackson “Rock With You”. Me esperaba a Godzilla, calamares gigantes o robots, todo menos Michael Jackson. Supongo que la música es el lenguaje universal más grande que existe después del amor. El clima era cómo cuando el otoño acá en la ciudad de Monterrey, ese aire cenizo que es fresco y se siente como solo una transición al invierno.  Solamente hizo calor cuando viajamos a Kyoto el tercer día, en tren bala.

Todo era extraño para nosotros. Quiero decir, todo era colorido. Había dibujos animados para los anuncios y para las señalizaciones, había dibujos animados en los dulces, en los alimentos y bebidas, todo eso de alguna manera te transmitía alegría, o te ponía de buen humor. Había algo cálido en las personas de Japón. La gente es demasiado eficiente, risueña, y servicial.  Eran reservados. Amables, pero reservados.

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Sentimos que tendríamos que pasar ahí un mes o algo por el estilo, para lograr hacer algún amigo. Algo así como si tuvieran una barrera de valores, que no nos permitía acercarnos del todo.

Nos comunicábamos hablando inglés, aunque sabíamos un par de palabras en japonés. Un idioma muy complejo, que costaría al menos un par de años adentrarse del todo.

La gente vive como apresurada, y no presta mucha atención a los demás, o probablemente no se meten en asuntos ajenos. Nunca lo sabremos pues no somos japoneses y no podemos generalizar. Esa fue nuestra primera impresión.

Puedes viajar en metro por casi todo Tokyo. Hay muchas estaciones y líneas de tren. Te cobran por distancia. Edgar se familiarizó bastante bien con todo esto del metro. Para la tarde de nuestra llegada, con un mapa él ya sabía más o menos que hacer y por dónde ir. Yo soy un desastre para esas cosas de ubicaciones y distancias. Soy distraído. Gary era bueno comunicándose con las personas, diversas veces fue nuestro medio para dar con lugares o para que nos dieran explicaciones.

Cómo no teníamos un guía japonés que nos explicara que estaba pasando, todo fue bastante emocionante y divertido. Nos perdimos en el templo de Narita. Caminamos por bosques antiguos. En medio de  los bosques había estatuas, o pequeños templos escondidos. Todo esto te daba la sensación de que eran lugares muy antiguos.  Nos da la idea de que los japoneses conservan un vínculo con la naturaleza muy fuerte, podías ver a algún anciano alimentando a los peces, o alguna pareja sentada en el pasto contemplando los árboles por la mañana.

Nosotros nos quedamos en Shinagawa, en un hotel muy cerca de la estación. Todos los días era más o menos la rutina habitual levantarse a las 4:30 de la mañana (el sol sale a las 4!) y alistarnos para seguir explorando toda esta cultura que nos ofrecía Japón. Dentro de todo este concepto de una ciudad avanzada en tecnología que vive de prisa, es increíble la manera en la que, con tan solo una media hora en tren puedes llegar a la calma de lugares como Kamakura.

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Con casas pequeñas y callejones que llevan a no sé dónde, la calma en las calles te invitan a ser parte del silencio y la paz que las rodea. Los niños andaban en grupos con sus gorrines de colores que los clasifica por edades, caminando de ida y vuelta desde su escuela. Al contrario de lo que podríamos pensar, no traen celulares en mano, si no estos juguetes japoneses (kendama) que en concepto son muy parecidos a los baleros que tenemos nosotros acá en México. Caminamos sorprendidos y con una paz muy grande por esos callejones. El viento era muy agradable, todo muy silencioso.

Andamos un poco hasta llegar al templo Kotoku-in, en donde está el famoso buda de Kamakura, una imponente estatua de bronce como de 13 metros de altura.  Después volvimos a la ciudad, pasamos por los mercados de Ueno, y bajamos hacía Akihabara. Una ciudad enorme que no duerme. Por las noches no sentías temor alguno de andar hasta tarde por las calles de la ciudad, siempre hay movimiento.

Puedo decir que nuestra experiencia culinaria fue buena, aunque algo limitada. No sabíamos que significaban los platillos del menú ! Usualmente se trataba como de 5 fotografías de comidas que a nuestros ojos eran iguales o parecidas, de manera que era toda una experiencia elegir que comer. No sabíamos del todo de que iban los platillos. Me atrevo a decir que la comida es algo insípida, quizás para que uno condimente al gusto sus alimentos o porque acá estamos acostumbrados a los sabores fuertes. Fue muy disfrutable y graciosa la hora de la comida siempre.  Máquinas de alimentos por todas partes, bebidas de todo tipo: jugos de flan, fruta molida en agua, soda de café, té amargo, pastel en bebida. Sabrá cómo o porqué.

Viajamos en tren bala uno de esos días. Guardo muy gratos recuerdos de aquel día. Amanecimos y caminamos bajo la lluvia hacía la estación. Viajamos alrededor de una hora y media hasta que llegamos a Kyoto, una ciudad sorprendentemente tradicional. Sentíamos como si estuviéramos en algún set de televisión o en alguna película de Kurosawa. Allí anduvimos en el templo Kiyomizu, cuya arquitectura nos impresionó. Bosques, dragones, monjes, caminos y estatuas. Fue el día más caluroso de todos. En realidad que fue algo muy especial, pues conocimos personas increíbles, y creo que ninguno de la banda me dejara mentir en que fue probablemente el mejor día de todos.

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Nunca hemos estado en Nueva York pero si las películas de Hollywood son ciertas, Ginza es lo más parecido a algún Nueva York en Japón. Rascacielos de muchos pisos en donde cada uno es una tienda distinta. El contraste entre lo tradicional de Kyoto y la urbe de Ginza fue algo que tardamos en digerir. Había personas por las calles filmando películas o con sus bolsas de compras. Aquí visitamos el edificio de la academia Yamaha, tocamos instrumentos musicales y conocimos el lugar. Toda la zona de tiendas estaba ahí. Caminamos libres aquella noche. Nos sentamos a charlar con unas personas y nos dejamos maravillar por un conjunto de músicos de jazz improvisado.

La música también fue un elemento que siempre estuvo presente en nuestro viaje. Encontramos música increíble que trajimos de recuerdo. Nuestra obsesión por los sonidos nos llevó a descubrir muchísimas cosas. También pudimos conocer personas que se sorprendían mucho al saber que éramos un grupo de música mexicana. A los japoneses les gusta México. Dejamos algunos Ep’s de regalo a algunas personas que conocimos. Fue muy gracioso porque algunos nos cuestionaban sobre si éramos muy reconocidos en nuestro país, pues encontraban sorprendente que fuéramos como banda musical a un lugar tan lejano de nuestras tierras como lo es Japón. La verdad es que nosotros también lo creemos así, seguimos sorprendidos y muy contentos al respecto, de haber tenido esta gran oportunidad.

El lado del comercio y las tiendas de souvenirs siempre estuvo presente en todos los lugares que visitábamos. Fuimos el templo Sensoji en Asakusa y observamos una ceremonia. Caminamos por el gran bosque de Harajuku , en donde presenciamos una boda tradicional, y caminamos por el centro alternativo, a donde todos los jóvenes japoneses y sus modas van a parar. Un montón de experiencias diversas, cosas que guardamos cada uno de la banda, momentos y recuerdos muy personales nos llevamos todos. Aprendimos, estoy seguro, algo valioso. A decir verdad, no creo que ninguno de nosotros haya reflexionado al respecto sobre este viaje todavía. Absorbimos lo mejor, nos quedamos con esas caminatas largas, con esos paisajes de ensueño y con la esperanza de poder volver algún día. Uno nunca sabe. La vida y el tiempo son un misterio. Pido una disculpa por los errores ortográficos que pueda tener este escrito. Escribo desde la parte trasera de un auto. Voy recordando lo mejor que puedo, conforme paso una avenida observo alguna esquina, y pienso que bien podría ser Japón, o alguna otra parte del mundo. Hay algo bello en todo esto cotidiano que vivimos día a día. A veces es bueno alejarse de las raíces porque eso te hace valorar lo que tienes y de dónde vienes. Como dijo Cerati en aquella canción: “Aquí también ¿o creías que estabas lejos?

 

Diego Castañeda, Septiembre del 2016.

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